Ctra. Plencia 9-11, Bº Billela Mungia

El retorno de los orcos

Siempre me resultó curioso cómo en la saga del señor de los anillos los elfos vivían en grandiosos palacios con impresionantes jardines y limpias cascadas de agua cristalina, su discurrir era lento y armonioso, todo a su alrededor transpiraba poesía y musicalidad.

La belleza de sus moradores era luminosa y serena, casi dañina a los ojos por exceso de brillo. En cambio los orcos repugnaban en negras y pestilentes grutas que rezumaban sudor y humedad, grotescos seres sucios y sudorosos se afanaban en duros trabajos. Extraían minerales, los refinaban y fundían, los forjaban, construían espadas, petos de malla, cascos, hachas, flechas y arcos. Diseñaban curiosas máquinas para aumentar su producción y transformaban verdes bosques en oscuros paisajes, retenían cascadas para aprovechar el agua y transformarla en energía para su industria. La gente en el cine no se hacía líos, los elfos eran sus preferidos, nadie quería ser un orco, las niñas del cine suspiraban cada vez que aparecían elfos de mirada pálida y blanquecina, si un elfo era herido 1000 rosas rojas salían de su herida, en cambio de las heridas de los orcos manaba un negro líquido purulento, yo en cambio como soy industrial fundidor para más señas, simpatizo con los orcos.

¿Quién había construido todas aquellas maravillosas ciudades de los elfos? Ellos no, porque no he visto currar a un elfo nunca y menos sudar.

¿Quién entonces habían hecho todas aquellas maravillas que rodeaban a los elfos? ¿Quién había construido los palacios, jardines y espadas? ¿Quién proporcionaba esa gran vida a los elfos?

Yo os lo diré: los orcos, y estos en agradecimiento eran eliminados en masa cuando su único delito era querer salir de sus grutas y reivindicar el trabajo hecho, pero como habían hecho el trabajo y no se les necesitaba al final eran destruidos y todo el mundo era feliz por lo menos hasta que se les volviera necesitar.

Algo parecido está sucediendo en España durante los últimos 20 años y de forma más acusada desde la entrada del euro. La industria española ha sido aniquilada sin piedad por sucia, insidiosa y molesta. No sois competitivos, nos decían mientras nos mandaban al matadero de la libre competencia con países que no jugaban con las mismas reglas.

España se convertirá en un país de servicios, vociferaban los políticos mientras una masa de palurdos ignorantes aplaudía con entusiasmo. No necesitamos productos industriales, los traeremos de fuera y así no mancharemos nuestra casa gritaban los verdes para gran regocijo de las masas.

Y al abrigo del todopoderoso euro así fue durante mucho tiempo. Y España, en poco tiempo, se convirtió en un país de suntuosas obras públicas con grandes playas donde se bañaba la gente de forma divertida y amable, se construyeron infinitos palacios donde la gente moraría despreocupada.

Ganaron la batalla los elfos y los orcos la perdimos.

Pero el tiempo pasó, y como nada es eterno, esos suntuosos palacios y urbanizaciones, esas maravillosas obras públicas, y hasta la cocina de mi cuñada, se han ido deteriorando. Las subestaciones eléctricas, depuradoras, tractores, cosechadoras y camiones, todo a base de no renovarse se va haciendo viejo.

Por eso intuyo que pronto van a volver a necesitar a los orcos. Ya se empiezan a oír voces de los políticos decir: “Tenemos que regresar a la economía productiva”.

Los progres gritan furibundos:”Este país (no se atreven a decir España) necesita emprendedores (no se atreven a decir empresarios)”.

¿Y qué haremos los pocos orcos que quedamos?, pues lo de siempre: trabajar duro, nos multiplicaremos saliendo de las entrañas de la tierra y sudorosos feos y malolientes sacaremos otra vez las castañas del fuego a los elfos.

Pero y si por una vez nos uniéramos a la sombra de un líder poderoso, y si por una vez decidiéramos que solo nosotros vamos dirigir lo que construimos, que también queremos habitar los palacios que levantamos, que aunque feos y desagradables también tenemos derecho a ser reconocidos, no solo utilizados.

Ese día, ese día……temblad hombres de la tierra media, las hordas de Sauron vienen de nuevo y esta vez la tierra media será nuestra, ja,ja,ja,ja,ja.

Jon E. Junquera